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25 January 2012 @ 12:43 am
 

Título: Tres cosas en el mundo
Fandom: Original (La cuarta clase)
Pareja/Personajes: Rebeca, Joaquín, Lía
Tabla: Tabla de Biología
Prompt: #3 Tortugas marinas
Palabras: 1,411
Resumen: Joaquín tiene clara tres verdades. Pero el mundo y Rebeca lloriqueando le cambian la visión.

Joaquín detesta, ahora, tres cosas en este mundo:

A Rebeca y a su hermano, Benjamín. A esa estúpida manía que tiene de levantarse tan temprano.

Y a las tortugas del salón de ciencias.

Esas malditas tortugas.

Rebeca, en realidad, lo detesta a él y no viceversa, inicialmente; Joaquín hasta el momento no tiene ni la menor idea de cuál es el verdadero motivo de su odio, pero con el simple hecho de lo mucho que le gusta molestarle ya hace que siente el mismo desdén hacia ella. Y Benjamín, el mellicito, siempre le sigue el juego sucio.

Joaquín no responde a sus pésimas bromas porque Rebeca es una chica (y no está bien meterse con chicas, su hermana Alicia se lo ha dicho hasta el jodido cansancio) y porque hace ya mucho tiempo que perdió el sentido responderle.

Oh, sí que se perdió ese sentido.

Si exceptuamos a los hermanos Santisteban, todo lo demás en el día a día del muchacho es relativamente normal y aburrido, o algo así. Aunque, a decir verdad, Joaquín se conoce la vida y rumores de muchos compañeros de clases. Claro, esto no se debe a que sea un curioso o un fisgón  o un corre ve y dile, sino, es por su maldita costumbre de estar despierto a la primera hora de la mañana y no poder quedarse en su cama como cualquier otro chico, y debido a ello su madre lo obliga a ir al colegio ni bien es una hora “aceptable” para salir de casa (¿seis y media de la mañana, en serio mamá?)  y por lo tanto es el primero en llegar a la escuela, el primero en pasear tontamente por el local perdiendo el tiempo y el primero en el que nadie se fija cuando llegan a las aulas o a los baños, por lo que los demás alumnos parlotean tan relajadamente delante de él como si estuviesen solos.

Joaquín no dice nada, por supuesto. No es de las personas que le agrada la idea de ir por allí contando los chismes de otros.  A pesar que entre esos chismes el nombre de Rebeca o de Benjamín se repite y mucho. Los rumores de Rebeca generalmente son de cómo llega al colegio con los ojos rojos e hinchados (“¡Ay, seguro se droga en la madrugada!”) y los de Benja sobre su flechazo con Rocío, la prima de Javier.

A Joaquín le importa un reverendo comino. Creo.

Hoy es un día extraño, por cierto.

— Hey, ‘Quín,¿puedes hacerme un favor del tamaño de tu corazón? —la aguda voz de Lía resuena en sus oídos repentinamente.  

— Emm, el lunes me dijeron que no tenía uno de ésos.

—Ay, hombre, no me hagas ese tipo de bromas. Bueno, en fin, necesito pedirte algo serio…

Joaquín la mira desconcertado. Él y Lía son bueno amigos, sin duda, se tienen confianza, se ríen juntos, sin embargo  Lía no es alguien de pedir favores (no me gusta deberle nada a nadie).  

—Está bien, te escucho.

—Lo que sucede, es que según la lista del profesor Alfonso hoy me toca darle un pequeño mantenimiento a la pecera de las tortugas, pero justamente es el cumpleaños de papá y no puedo llegar tarde a casa, así que…

—...¿pensaste que podía reemplazarte?

Lía asiente con la cabeza y hace un gesto con las manos, como si estuviese rezando. Él no tiene nada interesante que hacer en la tarde, su práctica de fútbol se ha cancelado y las tareas no le afectan. Además, es Lía quién se lo está pidiendo y es difícil decirle que no a quien jamás le has hecho un favor. Por eso accede.

¡Pero nadie le había dicho que limpiar esa tonta pecera era tan trabajoso!

(O quizás no lo era para el común de la gente y él era un inepto total para esas actividades)

Lo que supuestamente debía tomarle unos treinta minutos, le toma casi una hora después de terminado los talleres; para ese momento en su rostro la molestia le está marcando las pocas arrugas que tiene a su edad. Se promete no repetir la experiencia nunca más si es posible. Y cuando ya, por fin está culminando su labor percibe unos extraños ruiditos provenientes del pasillo, los cuales son finitos y disforzados. Cada vez se hacen más fuertes y Joaquín teme que la persona que produce esos sonidos vaya a entrar al salón de ciencias. Mas, dicho y hecho, y oye como mueven la perilla de la puerta y por mero instinto de ¿supervivencia? ¿Algún reflejo? Joaquín se esconde tras el escritorio donde está la pecera.

La puerta se abre rápidamente y a través de ella entra Rebeca Santisteban con una cara completamente distinta a las que Joaquín le conoce (la de burlona, la de sarcástica, la de ganadora, la de encantadora).

Tiene los ojos rojos e hinchados. Y no parece que se hubiese drogado. Parece que hubiese estado dentro de una “telellorona” soltando un llanto exagerado. El muchacho se mantiene en su escondite, prefiere no tener que enfrentarse con ella, no puede ni imaginarse cual reacción sería la de Rebeca y no va arriesgarse. Siente como da pasos de un lado al otro, sollozando y la puta madre.

No tiene ningún sentimiento de placer (bueno, tal vez sí  se regocija ligeramente de verla así), sin embargo la sensación que lo domina  casi por completo es la lástima por esa pobre diabla que lloriquea tan desconsolada. Y calla. Calla durante un rato.

Hasta que en una de sus idas y vueltas por el aula de clases, Rebeca lo descubre.

Pordiossanto.    

—Joder, ¡¿Qué demonios haces tú sentado allí? ¿Acaso estabas espiándome, imbécil?

Sí, Rebeca actúa como se lo imaginó Joaquín. No obstante, él no actúa como esperó hacerlo.

—Por supuesto que no te espiaba, drama queen. Yo estaba tranquilo limpiando ésta pecera cuando apareciste tú, Rebequita, gimoteando como una niñita.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que le contestó de esa manera tan irónica, llamándola Rebequita.

—No te burles de mi estado, ¡insensible! —Rebeca le comienza a golpear con debilidad el pecho con sus puños. Insensible, piensa Joaquín y se pregunta cuántas veces ella lo ha sido también.  Le sujeta los puños evitando que le siga golpeando tontamente y aprovecha la oportunidad para contemplarle mejor la faz: está muy pálida, el maquillaje se le ha corrido, su cabello sigue bien peinado y los ojos, oh sus bonitos ojos.

—Ya no me estoy burlando de ti.

—Vete de aquí, Rivera, ¡vete! —como aparente ser tan niña mimada.

— ¡Epa! yo estaba aquí primero y tú no eres nadie para decirme que me vaya si yo no quiero.

Aún sostiene sus manos y lo hace con fuerza, aunque no sabe por qué. Pero, entonces, para darle un excelente ambiente a la situación, Rebeca vuelve a romper en lágrimas. Y ahora Joaquín se ha quedado de piedra. Frente a él está la chiquilla infernal que le ha jodido la existencia sin que él entienda la razón durante tres años de secundaria soltando lágrimas sin vergüenza. La embustera Rebeca. Embustera, embustera.

Debe haberle pasado algo terrible para que ella, de entre todas las chicas de la escuela, se muestre tan endeble justamente ante él. Algo que le haga comportarse así. Algo. Y Joaquín no es capaz de figurarse qué.

Solo está parado allí junto a ella, sin mover un pie para salir huyendo ni colocando su brazo para consolarla. Nada. Solo allí, escuchándola.

Oh, esas malditas tortugas revoltosas.

(Y una cosa es escuchar de Rebeca en ese estado, y otra es verla. El se siente incapaz de muchas cosas)

—No sé ni me interesa que cojones te ha pasado para que estés tan mal—Joaquín traga duro y escupe lo primero que se le viene a la mente— Únicamente te pido que intentes calmarte, porque me estás asustando, drama queen —finalmente le pasa un brazo por los hombros e intenta quizá reconfortarla, a pesar que se asquea naturalmente. Mas, Rebeca luego de unos segundos se aleja de él.

—Imbécil. Yo no podría ni asustar a un gato. En serio eres un total insensible.

Válgame dios, ella está esbozando una diminuta sonrisa. ¡Qué la tierra te trague, Joaquín!

—Sabes muy bien que entre tú y yo, yo no soy el insensible aquí.

—Lo siento.

— ¿Sientes qué?   

—Esto.

  Rebeca da media vuelta y se va.

Rebeca Santisteban se ha disculpado a Joaquín Rivera.

(Y eso es lo que escucha Joaquín al día siguiente, cuando llega temprano, otra vez, a clases)

 
 
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borbihd on February 17th, 2013 05:19 am (UTC)
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